VOLUNTARIADO EN MARRUECOS

noviembre 25, 2017


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Decenas de emails enviados. Cientos de sudaderas vendidas. Meses de preparación. Bastantes ideas desechadas. Unas cuantas discusiones. Mucho trabajo. Comités, funciones, responsabilidades. Cuentas, operaciones matemáticas sin resolver. Plazos, fechas, prisas. Momentos de duda. Momentos de compromiso. Un reto, una empresa, un proyecto.

Seis scouts en Marruecos.

No fue fácil ir a Marruecos. Al principio no había Marruecos, ni había proyecto, pero como en todos los proyectos exitosos, había un grupo con ganas de sacar algo adelante. No sabíamos lo que queríamos, pero queríamos hacer algo especial.

Tras meses de buscar un lugar donde ayudar en el que nos aceptasen, dimos con con Oriéntate en tu voluntariado que esta en Barcelona y nos puso en contacto con Felicidad Sin Fronteras, una ONG de Marruecos que tiene un convenio con ASDE. FSF no puso ninguna pega en que hubiera algún menor de edad en el grupo, y nos ofreció pasar una semana allí, en un pequeño pueblo marroquí llamado Tigrigra.

Empezaron las preparaciones. Organizamos mapas y presupuestos, sacamos billetes, renovamos pasaportes, nos pusimos vacunas… Pero tras varios meses intensos, estábamos listos para viajar a Marruecos.

Cogimos un autobús para ir de Zaragoza a Barajas, y volamos con Ryanair desde la T4 hasta Fez, Marruecos. Cuando bajamos del avión, vimos el aeropuerto de Fez. Es muy bonito, lleno de colores y motivos de la arquitectura islámica. Allí tuvimos que rellenar unas hojas y mostrar nuestro pasaporte para entrar en el país.

A la salida del aeropuerto nos estaban esperando algunos voluntarios de Felicidad Sin Fronteras, que nos llevaron en furgoneta hacia Tigrigra. Nosotros íbamos atrás, y no hablábamos mucho con ellos. Fue un viaje largo, y la situación era un poco tensa. Solamente había interacción cuando ponían canciones de género latino, que todos nos sabíamos. Paramos para estirar un poco las piernas en Azrú, la ciudad más cercana a Tigrigra. Finalmente,  llegamos a Tigrigra.

En la casa donde íbamos a pasar los próximos días, nos esperaban algunos miembros más de la organización y una voluntaria, Lala. Nos ofrecieron tomar té todos juntos en el salón. Se fue rompiendo el hielo poco a poco. Los miembros de la organización hablaban español bastante bien. Salvo Hedda, la cocinera, que no hablaba ni una palabra.

Después del té, nos explicaron las actividades que realizaríamos durante los próximos días y también nos enseñaron el pueblo. Durante los próximos días, nos dedicamos a hacer servicio y  realizar diferentes actividades y viajes.

Nosotros creíamos que el servicio consistía en pintar el colegio del pueblo. Sin embargo, cuando llegamos, vimos que el colegio ya estaba perfectamente pintado. Así que para hacer el servicio en el colegio nos separamos en dos grupos. Uno de ellos se dedicaba a limpiar el campo que había delante del colegio (lleno de basura de todo tipo). El otro grupo estaba dentro con los niños, haciendo juegos y bailes para que se divirtieran. Les enseñamos algunos juegos de scouts (aquellos que no eran demasiado difíciles de explicar, ya que no hablábamos ningún idioma en común) y ellos nos enseñaron sus juegos. También les llevamos galletas con chocolate y globos de agua, y lo pasaron fenomenal. A los niños les encantaban los trucos de magia, jugar con nosotros, enseñarnos cosas y hacerse fotos y verlas.

Uno de los viajes que hicimos fue al pueblo deAzrou. Fuimos varias veces: para conocerlo, para tomar algo, para visitar la sede de FSF o para hacer compras. Es un pueblo muy colorido, muy abarrotado, y muy auténtico. Si alguna vez vais, no dejéis escapar la oportunidad de tomar un zumo en la azotea junto a la mezquita, al atardecer, cuando una luz roja ilumina todo con un color precioso.

También fuimos al bosque de cedros que se encuentra al lado de Azrou. Es un bosque lleno de gigantescos y antiquísimos árboles. Pero los protagonistas del bosque no son los árboles, sino unos traviesos monos  que allí habitan. Compramos un par de bolsas de cacahuetes para dárselos, porque es muy divertido ver cómo los cogen y los pelan para comérselos.

Otra sorpresa fue el hammam. No teníamos ni idea de en qué consistía esa costumbre de baño y, siendo sinceros, teníamos un poco de miedo. Sin embargo resultó ser una experiencia muy placentera y relajante.

Pero la verdadera aventura fue el viaje al desierto. Salimos por la mañana, y viajamos hacia el sur durante horas en la furgoneta. Pasamos por muchos pueblos y cruzamos zonas desérticas en las que hacía un calor insoportable. Pero finalmente llegamos a nuestro destino: el albergue de Ali, el cojo. Allí pudimos bañarnos en la piscina para refrescarnos y descansar. Dejamos nuestras cosas en una habitación y nos marchamos.

Nos montamos en los camellos y cruzamos algunos kilómetros de desierto mientras atardecía. Cuando se hizo de noche, llegamos al campamento donde íbamos a dormir. Escuchamos algo de música tradicional en directo y nos dormimos. Al día siguiente, vimos amanecer desde una duna. Volvimos al albergue a desayunar y ducharnos, y desde allí emprendimos el viaje de vuelta.

El último día, volvieron a llevarnos en furgoneta hasta el aeropuerto. Una semana antes, nos habíamos marchado a visitar un continente, una forma de vida, un país y unas costumbres que desconocíamos. Tras un elevado número de experiencias, volvíamos a casa con más cultura y menos prejuicios. Todos los que fuimos volvimos muy contentos con el viaje, que representa un campamento que nunca olvidaremos.

En cualquier campamento scout, pero especialmente en los que se hacen viajes como este, se crean unos vínculos muy fuertes entre las personas. Cuando vives una experiencia así con tus compañeros scouts, puedes llegar a conocerlos  en cierto sentido más que a cualquier otra persona, y eso tiene un valor inolvidable. Por eso, y por todo lo que pasamos juntos este verano, los compañeros de Santa Engracia nunca olvidaremos Marruecos2017.

 

FOTOS DE ESTA SUPER EXPERIENCIA.

 

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Fin de semana de “colores”

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